Joan Miro Hotel Consulte disponibilidad!
  • Página web oficial

  • Mejor precio garantizado

  • Wi-Fi gratis

  • Pague a la salida

  • Deje su hab. sin prisas

Código promocional
Clique aquí

Atención al cliente

+34 971405201

Joan Miró

Descubra el colorido mundo de Joan Miró

La poesía, la música, el mar o la familia son algunos de los temas recurrentes que se pueden ver en la magnífica colección formada por 28 obras que expone el Hotel Joan Miró Museum. En ella, la obras del artista visten las paredes de este nuevo espacio pensado para acercar al público el sorprendente mundo creado por el pintor catalán que eligió la isla de Mallorca para pasar gran parte de su vida. Este concepto revolucionario que aúna arte y turismo, permite percibir los matices de este creador único de influencias, cubistas y expresionistas, que buscó incesantemente difundir las nuevas tendencias del arte contemporáneo.

Museo en el Hotel

Los 28 originales de Joan Miró expuestos en diferentes ambientes del hotel permiten adentrarse en el surrealista mundo creado por el artista.

Ver más
Expand

Obras de Joan Miró

Un excepcional conjunto de piezas capaz de mantener viva la figura de un hombre que supo plasmar la magia a través del pincel…

Ver más
Expand

Fundación oficial

Successió Miró

La Successió Miró fue creada por la Comunidad de Herederos de Joan Miró con el objetivo de preservar y administrar los derechos de autor generados por su obra, previniéndola así de posibles imitaciones, fragmentaciones, deformaciones y otros usos fraudulentos. La Successió Miró son los únicos poseedores del copyright de la obra del artista y cuentan con un amplio fondo documental sobre la vida y obra de Joan Miró: correspondencia, hemeroteca, fotografías personales e imágenes de su trabajo.


Expand
Close

El Museo en el Hotel

Las obras expuestas en el hotel

Los 28 originales de Joan Miró expuestos en diferentes ambientes del hotel permiten adentrarse en el surrealista mundo creado por el artista...

En su anhelo por abandonar los métodos convencionales, Miró dejó un extenso legado de piezas vivas, es a través de ellas que se observa el carácter atemporal de esta obra que va de lo subconsciente a lo naíf.

El conjunto de obras expuestas en el hotel, formado por originales grabados y litografías que abarcan desde 1924 hasta 1975, tiene como fundamento el mundo de los sueños, los colores primarios y el alfabeto simbólico de Miró. En la selección destacan además las variedades de azul creadas por el artista.

El trineo de los amantes

Año 1981

La imagen se vertebra a partir del grafismo negro, fruto de la mano libre de Miró, impulsada por el subconsciente sobre la plancha de zinc litográfica, para que la vida cristalice a través de los colores primarios. El azul habla del cielo, el verde de la naturaleza, el amarillo de la vida y el rojo de la fuerza volcánica que emerge.

Disputa entre amantes II

Año 1981

Los personajes describen la danza de un hombre y una mujer enamorados. Se han metamorfoseado en la expresión de un sentimiento. El amor se refleja a través de los acentos cromáticos que reverberan en una atmósfera marcada por salpicaduras negras que Miró administra.

La Triple Rueda I

Año 1981

La rueda es un referente en la obra mironiana. Símbolo de la evolución del hombre, la triple rueda nos habla de un primitivismo y a la vez de una modernidad revisitada de manera alegórica y poética.

La triple rueda II

Año 1981

El grafismo negro circular figura la unión de tres ruedas en el espacio. Los colores comunican sentimiento y movimiento a la vez. La conversión de la rueda en símbolo cósmico está reforzada por seis estrellas, que forman una constelación mironiana bajo la luna mediterránea.

Los enamorados y Luna Park II

Año 1981

La representación lineal de una noche mediterránea nos habla de una pareja de enamorados acostados bajo la bóveda estrellada. El rojo, amarillo, azul y verde constatan la fuerza volcánica del coito. Un infinito goteo de manchas negras insinúa el apasionado encuentro de Hermes y Afrodita bajo una lluvia de símbolos mironianos.

Magia blanca I

Año 1981

La estructuración de la hoja muestra la magia y el azar del alma de Miró. Dentro de un espacio onírico, definido por un sinfín de ojos que danzan bajo la estrella reina, se abre la ventana del subconsciente. La fuerza del Mediterráneo está presente en cada uno de los colores elegidos por Miró para representar su contacto con la naturaleza.

Magia blanca II

Año 1981

Evocando la gestualidad de los monjes japoneses, Miró ejercita su mano con una descarga profunda del color negro para dar forma a una visión mágica y nocturna. Los tres pelos identifican a un personaje procedente del mundo de los sueños, y que navega bajo un cielo estrellado. Manchas negras hablan de galaxias. Los acentos de color se contraponen al signo que cristaliza en su mano.

El rapto

Año 1981

El rápido y violento gesto de los trazos negros evoca un rapto sobre la plancha de zinc, la emoción se viste de colores puros y luminosos. Miró sabía camuflar temas trascendentales bajo una pretendida apariencia de calma e intensidad cromática.

El arrumaco catalán

Año 1981

El beso recuerda su unión con Pilar Juncosa. Compañera durante más de cincuenta años, le cuidó y protegió bajo un manto de amor y cariño. Esta obra habla del amor, de un sentimiento profundo de afecto que se vislumbra mediante un trazo libre y negro, y una cuidada ubicación de los colores, acompañados por la constante del amor.

La primera noche de la primavera

Año 1981

Al caer la noche, se abre la luz de la primavera. La pincelada transmite pasión, desenfreno y la ilusión por vivir una primavera mediterránea. Miró convierte la noche en un personaje cargado de vida y ojos, que nos explica la tensión interna del alma al observar una noche estrellada.

Los montañeros III

Año 1975

En la colina de Cala Mayor, Miró se convierte en un montañés. Su alter ego se refleja en este grabado definido por una cabeza con tres pelos. El paso firme de un cuerpo robusto sale a la búsqueda de pequeños tesoros que la noche pone en su camino. La mano-flecha indica el camino a un personaje que busca la esencia del canto de la montaña.

Los montañeros IV

Año 1975

Una cabeza grotesca con dientes afilados y mirada desorbitada nos muestra el sentimiento del artista ante un acontecimiento inesperado. Este ser, medio hombre, medio monstruo, es la figura primitiva que Miró ha liberado del mundo de los sueños.

Los montañeros VIII

Año 1975

El cuerpo fornido de un montañés emerge del subconsciente de Miró. Ha salido a la caza de su presa guiado por el brillo de una estrella. Acentos de colores primarios consolidan la firmeza de su marcha, bajo una atmósfera en la que flotan diferentes colores difuminados.

Los montañeros IX

Año 1975

La boca entreabierta con colmillos de esta cabeza de montañés evoca un canto ahogado. Es un personaje grotesco, en el que Miró crea un juego de líneas imperfectas y dudosas para definir el forcejeo de su alma encerrada en un cuerpo finito.

El guardián del faro

Año 1981

Un grafismo negro y corpóreo define la importancia de El guardián del faro. El navegante necesita de sus artes para surcar el mar bajo la luna. Esta figura oscura, de mirada lumínica, nos habla de un personaje misterioso, nocturno, que abraza el silencio y saborea la densidad de la noche.

La comedora de cangrejos

Año 1981

Miró representó el momento salvaje en que una mujer calva come un cangrejo a la orilla del mar. Visión poética de un personaje marino. La enorme talla del ojo transmite la mirada perdida de una mujer desequilibrada, pero de gran vitalidad.

La viuda del corsario

Año 1981

El abordaje enemigo acabó con la muerte del corsario. Su viuda languidece bajo el llanto, y un grito inunda la composición. Miró corona la antropometría femenina bajo un trazo espeso y latente de un negro opaco. Los chorreones del fondo evocan el rio de lágrimas procedente del ojo romboide de color rojo, blanco y verde de la viuda.

El náufrago

Año 1981

La pincelada gestual y casi violenta de Miró describe la angustia de un náufrago en el mar Mediterráneo. Miró construye el ojo con formas geométricas de intenso color puro, que miran hacia un rayo de sol amarillo. Mientras, en el ángulo inferior derecho reduce el agua a un simple bloque azul.

Sálvese quien pueda

Año 1981

El capitán del barco a la deriva lanza un grito ahogado de “Sálvese quien pueda”. La mirada atónita de este personaje negro de frente y mandíbula aguda, cargada de incisivos afilados, nos avanza el hundimiento de su navío y expresa la desazón del momento.

Capitán a bordo

Año 1981

El maestro acaba de subir al barco. La enormidad de su masa craneoencefálica encierra cantos de sirena y órdenes varias. Su pose erguida y la seguridad emitida a través de su mirada evocan la maestría que acompaña al capitán en sus largas travesías.

La mujer del mariner

Año 1981

Miró ve la mujer del marinero como una figura poderosa y matriarcal. Le concede una presencia estelar. El primer trazo negro define su cuerpo y los colores primarios como el rojo, verde, azul y amarillo impregnan de vida toda la obra.

La poseída de Calamayor

Año 1981

En el barrio de Cala Mayor marchaba a sus anchas una poseída. Los acentos y la intensidad de los colores elegidos muestran los chorreones y las formas puntiagudas a modo de masa encefálica. Vislumbramos una mujer desequilibrada y víctima de sus alucinaciones.

La hipnotizadora

Año 1981

La medusa adquiere una forma femenina bajo el ojo de Miró. Sus poderosos tentáculos también nos sugieren el mito griego. El trazo negro adquiere una consistencia gelatinosa, salpicada por acentos de colores primarios que le atribuyen vida.

La bucanera

Año 1981

La obra se metamorfosea en mujer. Al romper la ola, la espuma provocada adquiere tintes de la rubia y lacia cabellera de una sirena bajo el brillo de una estrella. Miró le da forma acuosa, con colores puros que vislumbran la belleza de un ser mitológico e idealizado por la gente del mar.

Grumete a la jarcia

Año 1981

Un joven trabaja las drizas del palo mayor del navío. En sueños Miró ha vislumbrado un grumete rodeado de multitud de cabos para izar velas y surcar los mares. Su cuerpo acentúa su inseguridad ante la dura tarea asignada por el capitán del navío. El joven frunce el ceño y Miró lo viste con colores primarios para coronar la importancia de su gesta.

La anciana de los 10.000 años

Año 1976

El ancestro de más de 10.000 años se hace omnipresente gracias a la simbología mironiana. La sabiduría de este espíritu ancestral lo diferencia de los demás terrestres bajo un abanico de color y vida. Una mirada serena y tranquila corona a un ser de trazos lineales y gesto cariñoso. Miró le otorgó los tres pelos de un ser grandilocuente y cargado del conocimiento que le ha proporcionado el paso de los años.

La cantante calva

Año 1981

Una cantante de ópera de avanzada edad se ha quedado calva, pero no se resigna al canto de sus óperas. Las notas musicales del fondo la envuelven, provocando en ella una mirada profunda y tierna. Notas musicales que descansan en el interior de su alma. La belleza aterciopelada de su voz inunda el espacio.

El ojo azul del volcán

Año 1981

El ojo azul corona toda la composición e irradia una sensación de magia, que envuelve al espectador en una energía telúrica, cargada de sentimientos y que descansa sobre un negro mayúsculo. Miró otorga una apariencia antropomórfica a un volcán que vierte por su cráter la luz pura y azul del Mediterráneo. La erupción se reduce a un rayo amarillo ascendente, que conecta la tierra con el cielo.

Close

Obras maestras de Joan Miró

Sus obras más destacadas

Un excepcional conjunto de piezas capaz de mantener viva la figura de un hombre que supo plasmar la magia a través del pincel…

Imágenes de un abundante colorido e intensidad forman esta extraordinaria selección, herencia del pintor, escultor, grabador y ceramista español, considerado uno de los máximos representantes del surrealismo.

Junto con el Museo Reina Sofía, en Madrid; el Centro Pompidou, en París; y el MOMA, en Nueva York, la Fundación Pilar i Joan Miró, en Palma de Mallorca forma uno de los fondos documentales más importantes del artista. Gracias al acuerdo de colaboración con esta entidad, hoy el Hotel Joan Miró Museum lleva adelante este ambicioso proyecto.

Campesino catalán bajo la luz de la luna

1968

Este cuadro deriva todo su ser desde el énfasis maravillosamente sencillo, aunque efectivo, en el color como elemento primordial. La división horizontal es una reminiscencia de los paisajes de la década de 1920 de Miró. Además, la elección de un pequeño número de colores puros y simples apunta en esa dirección.

Construcción

1930

Las Construcciones de Miró fueron elaboradas entre los años 1929 y 1930, durante la fase más crítica de su carrera artística creativa. Como él mismo dijo, quería "asesinar arte", es decir arte de "aceite y vinagre", con el fin de recuperar un conjunto de valores de expresión primitivos.

Paisaje (La liebre)

1927

En el Paisaje (la liebre), entre otras obras, Joan Miró volvió a uno de sus temas preferidos, el terreno que había en su casa familiar de Cataluña. Miró dijo que se inspiró para pintar este lienzo cuando vio una libre corriendo por el un campo en una noche de verano.

Persona tirando una piedra a un pájaro

1926

En este cuadro, Miró utilizó básicamente 2 colores sencillos: azuel y amarillo para dibujar una estraña figura consistenten en curvas ligeras con un pájaro detrás. Las pinturas de Miró no tenían a menudo formas concretas, sino una serie de líneas y pinceladas.

Azul I, II, III

1961

La trilogía de cuadros Azul (del I al III) son parte de una serie de trípticos que Joan Miró pintó a principios de los años 60 en su nuevo estudio de Mallorca. Los 3 cuadros azules tienen que ser entendidos como uno sólo. Vistos de forma separada, no parece que nada esté sucediendo en ellos.

Paisaje Catalán

1924

Joan Miró perseguía la esencia de las cosas. En el cuadro Paisaje Catalán de 1924, se captura el acto de disparar a un conejo y la pesca de la sardina.

Constelación de la estrella matutina

1939

Nos encontramos ante una de las piezas más importante en su serie de Constelaciones. Miró regaló esta obra a su mujer, quien posteriormente, la donó a la Fundación Miró. Després de escapar de Francia, Miró continuó con las series de Constelaciones en Mallorca, creando así un complejo grupo consistente en diez más.

Decoración de una guardería

1938

Uno no puede evitar preguntarse si esas figuras espeluznantes son del todo adecuadas como decoración de un cuarto de niños. No cabe ninguna duda de que Miró utilizó algunas de las figuras temibles de sus "pinturas salvajes" de la década de 1930.

Perro ladrando a la Luna

1926

En cuadros como 'Perro ladrando a la Luna', Joan Miró concibió figuras de humanos y de animales como formas indeterminadas. En este disperso paisaje, una escalera alcanza el negro cielo estrellado de la noche. Junto a ello, hay un perro colorido en la tierra marrón, mirando arriba hacia la media luna y a un pájaro.

El Carnaval del Arlequín

1924-25

El Carnaval del Arlequín es un buen ejemplo de este cambio. El mundo de la imaginación y el subconsciente, lejos de significar el fin en sí mismo, era para Miró una manera de dar forma a sus vivencias y recuerdos.

La escalera de emergencia

Año 1940

Estas pinturas musicales han dibujado unos telones de fondo con formas provenientes del reportorio de Miró. Los historiadores ponen de manifiesto que esta obra tiene que ver con las experiencias de Miró en la guerra, enseñando unos pájaros simbólicos de bomberos sobre España y su deseo de escapar.

El Oro del Azul Celeste

Año 1968

El Oro del Azul Celeste de 1967 tiene una calidad maravillosamente poética, una reminiscencia del arte asiático. En contraste con una superficie de color amarillo claro, con unos espacios en blanco para permitir que el lienzo "respire", se han distribuido una serie de estrellas y líneas - tan finas como el cabello - , así como algunos puntos negros sobreados, conectados entre sí por alguna líneas muy finas.

Interior Holandés I

1928

Este cuadro muestra una forma básica de un hombre tocando una guitarra. Él es el personaje principal, junto con un perro, un gato, figuras en la pared y una ventana. El cuerpo del hombre es una enorme mancha blanca sin separación definida sobre cualquier parte del cuerpo.

El Pez Cantarín

por Joan Miró

El Pez Cantarín es reconocible instantáneamente como una obra propia de Miró, combinando formas altamente abastractas para representar la imaginación del artista. El punto central del cuadro es la cabeza del pez, cuyos ojos están representados por dos círculos abstractos.

Femme III

1965

Miró pone todo el énfasis en movimientos rápidos y básicos. Contra una superficie amplia, y con unas cuantas manchas de color en ella, Miró dibujó una figura consistente en un pequeño número de formas simples: un semi-círculo rojo en la parte inferior, ligado a un círculo negro por medio de una línea de negro.

Bailarín

1925

El Bailarín de Miró es una de sus obras más dispersas pero, al mismo tiempo, más poéticas. Después de haber preparado el lienzo con pintura marrón, el artista luego aplica una capa de azul ultramarino de tal manera que el color marrón todavía fuera visible en la forma de un borde.

Código promocional
Clique aquí

Ir al Inicio